Sueño

Profundamente dormida, te das cuenta de que algo raro está pasando. Al más puro estilo Cuarto Milenio te estás viendo a ti misma desde fuera, sentada a los pies de tu cama. ¿Cómo se llama eso? ¿Viaje astral? ¿Viaje nocturno? ¿Estar como las maracas? La cuestión es que te das cuenta de varias cosas. La primera, que tu pierna derecha se dobla de una forma muy siniestra, como si fueras la silueta del escenario de un crimen.

La segunda, y más impactante, es que tu habitación se ha convertido en una especie de estudio de grafología. Decenas de tarjetas de papel tiradas de cualquier manera en una mesa gigante que en tu dormitorio jamás cabría. Pero tampoco tú sueles verte durmiendo. Te acercas y una bombilla aparece flotando por arte de magia. Como una luciérnaga va alumbrando aquello que miras. Reconoces cada una de las frases escritas en las tarjetas.Tus dudas, inquietudes, miedos, alegrías…

Todo está ahí, absolutamente actualizado. ¿Cómo es eso de que los pensamientos se ordenan por la noche cuando descansas? Nunca hubieras imaginado que fuera literal. Porque aquello es un caos. No te extraña, muy centrada no estás. Pero en ese momento, desde tu condición de ser extracorpóreo, todo te parece muy normal. Es como estar hasta las cejas de ansiolíticos, pura paz.

Estás soñando, lo sabes. Así que te permites jugar a despistar a la bombilla mirando hacia todos lados para que se vuelva loca. Pero la bombilla no tiene buen carácter y te ataca dándote un golpe seco en la nariz. Un golpe que duele como en la vida real.

Vuelves a concentrarte en las frases. Tarjetas con pensamientos. Tarjetas con conclusiones. Fácil. Hay que emparejar cada pensamiento con una conclusión. Fácil para cualquiera que no seas tú. Es la visión más gráfica de lo poco racional que eres que hayas visto nunca. Sentimientos enmarañados, conclusiones inexistentes. Tú en tu más pura esencia.

Pacientemente, y con la bombilla vigilante, empiezas a ordenar con pereza. No sabes cuántas horas pasan, porque en los sueños eso da igual. Pero has logrado hacer dos montones de pensamientos y conclusiones. Y la luz va entrando por la ventana. Y la bombilla desaparece. Encuentras el libro debajo de la almohada y tu habitación vuelve a ser la de siempre.

Te despiertas riéndote, qué ocurrencias tiene la mente. Sin querer miras de reojo de camino a la cocina si hay alguna tarjeta perdida por el suelo. Nada. La nariz te duele un poco, supones que te has dado un golpe con el libro al quedarte dormida leyendo. Pero al encender la cafetera un pensamiento inesperado te asalta. Y otro. Y otro más.

Como un rompecabezas resuelto, empiezas a contestarte preguntas con una claridad desconocida para ti. Lo que ayer era complicado, hoy es muy sencillo. Lo que ayer te parecía un debate interno sin fin, hoy se responde con un sí o un no. ¿Cómo era esa frase que decía una amiga tuya? Hay decisiones que se toman solas: una mañana te levantas y lo sabes. Y entonces ya no hay vuelta atrás.

Te preguntas si ella soñó lo mismo. Si ha sido real. Si una bombilla te atacó. Te preguntas muchas cosas pero ninguna de las que te preguntabas antes de esa noche. Coges el teléfono para contár

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