He tenido relaciones difíciles. No solo de pareja, también de amigos, familia. Véase mi historial. En pareja: miedo al compromiso (por ambas partes, aunque, en alguna ocasión, yo fui la única que lo superó); desapariciones estelares (yo no hago eso); que no me quisieran, que no quisiera yo… Clásicos. El resto, amigos (o quienes decían serlo) y familia, se merecen relato aparte. Cuestión, todo esto parecía complicado. Hasta que llegó Bruce. Sí, mujer soltera con gato. Otro tópico que lleva a pensar que eres una fracasada en el plano amor cuando estás rozando los 50. Puede ser, no lo niego. Ni me importa. Cosas peores veo a diario. En fin, que yo quería hablar de Bruce. Gato callejero, aterrado, traumatizado. Guapo como el Paquirri de los gatos, eso sí. Yo, caprichosa, impulsiva y poco racional. Pero haciendo un ejercicio de paciencia infinita para que él sea feliz y olvide sus tres primeros meses de vida antes de llegar a mí hecho un trapito. Un aprendizaje brutal. Y maravilloso. Repito, he tenido relaciones difíciles. Por fin, parece que una, que empezó mal, está saliendo bien.