Baldosas amarillas

No hay palabras para lo que no se puede describir. Qué te voy a decir… No entiendo cómo te sientes. Incapaz de imaginar el fuego que hay en tu mente. 

Sal y grita hasta quedarte sin voz. Cuando parece que no queda nada, siempre hay alguien a tu alrededor. Que te coge de la mano, que te hace más valiente. Depura para exigir un futuro diferente, que no se condicione del todo por el presente.

Lo injusto, lo increíble, lo tremendo, cuando ocurre es un delirio terrible que parece interminable. Pero hay un mundo ahí afuera que persigue despertarte, que pretende conseguir que vuelvas a levantarte. Que vuelvas a construir desde cero una ilusión manchada de barro y cal. 

No dejar de respirar, si la noche al fin termina. No estás solo, aunque lo creas. Todos estamos al frente.

Y si faltan los de arriba, nos movemos los de abajo. A coro conseguiremos no volver a despistarnos. Con promesas, con debates y vacíos de poder, cuando lo que necesitamos es no dejar de crecer. 

Luchan Valencia y España, luchan los pueblos hundidos. Con palas y con amor, buscaremos lo perdido. Imposible devolver la vida a quien se haya ido. Imposible devolver la paz a quien se ha despedido.

Es verdad que la luz ya no brillará como el lunes por la tarde. Es verdad que, como dije, no hacen nada las palabras. Otra luz tenue saldrá, no dejemos de seguirla. Porque es la que alumbrará el camino… El de baldosas amarillas.  

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