Con las hermanas…

Si pudiera quedarme con un momento, y guardarlo en un tarro de cristal (nunca de plástico), sería con esa carcajada en el ascensor de un hotel en Marbella cuando dimos sin querer al play en el radio cassette (hace ya un poquito) y saltó la canción de Manolo García de con las hermanas Gilda duermo en una cama grande… Dos señores, que nos parecían muy mayores, pero debían de tener mi edad ahora, nos fulminaron y censuraron mientras tú y yo nos peleábamos por bajar el volumen y por darle al stop. Por supuesto, no lo conseguíamos. Cada intento era más gracioso y nuestras risas ya eran más altas y estridentes que las de la cinta grabada de aquella manera. Un minuto y medio de éxtasis de felicidad, de somos jóvenes y nos pasan estas cosas. De sois unos rancios y por eso estáis en este hotel tan rancio como vosotros. Como nosotras, eso es verdad. Pero ese minuto y medio de éxtasis de felicidad nos hizo olvidarnos de que ese hotel era también una clínica. Y de que, si hubiéramos podido elegir, nunca hubiéramos estado ahí.

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