Personas que nunca aprenden, que son como plantas: sin respuestas y sin el precioso don de la comprensión. Ni de ver más allá de ellos mismos. Arrogantes e incapaces de hacer autocrítica, sin pensar por un momento que cien coches no van en dirección contraria. Que, igual, se equivocan.
Y después, por suerte, están esas personas brillantes, luciérnagas que no pretenden nada. Simplemente iluminan. Libres, sabias, felices. Así te siento yo. Tu amor me llena el alma. Antes y ahora. Vuela alto.