26 de diciembre

Recuerdo la actividad frenética de todos los 26 de diciembre. Recuerdo los preparativos de la fiesta, elegir qué nos íbamos a poner, la lista, siempre demasiada larga, de invitados. Recuerdo la escalera de nuestra casa llena de gente sentada en los escalones tomando copas porque no cabíamos en el salón.

Recuerdo desalojar como porteros de discoteca porque nuestros padres estaban a punto de echarnos a nosotras. Recuerdo que mis amigas y yo éramos tus fieles ayudantes. Recuerdo mucha música, mucha alegría. Recuerdo nuestras peleas porque yo siempre quería tu ropa.

Recuerdo tus pendientes, aquellos que nunca me dejabas porque sabías que, inevitablemente, iba a perder. Recuerdo la emoción de maquillarme en tu espejo de camerino de bailarina rodeado de bombillas. Recuerdo la prisa, el ya están aquí, el abre tú.

Y, de repente, llegaron los otros 26 de diciembre. Los del silencio, los de las comidas en tu memoria sin ganas de comer, los de no saber qué hacer para celebrar tu cumpleaños sin ti. Pero hoy, y esto te va a encantar, es el primer año que me hace feliz exprimir esos recuerdos. Sí, el primer año. Qué te voy a contar a ti de mi hipotiroidismo emocional.

Hoy he encontrado una forma de celebrarlo. Brindis por ti con nuestra madre y un sobrino tan moreno como tú, anécdotas con nuestras amigas que incorporo a mi base de datos. Inundarme de ti. Dejarte campar a tus anchas por mi cabeza. Y, cumpliendo tus deseos, sin dejar de sonreír.

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