Eras primavera. Tormenta cuando era necesario rebelarse. Sol cuando buscaba calor. Lluvia intermitente cuando llorabas. Pocas veces ocurría. Si pasaba, me arrasabas el alma. No malgastabas lágrimas. Si caían, era por algo sin solución. Y, pienso, en horas bajas y egoístas, qué injusto que me hayas dejado aquí. Sin tus tormentas, que lo ponían todo en su lugar. Sin tu sol, que conseguía que lo más oscuro se iluminara. Yo, que no sé ser primavera. Que paso de un invierno emocional a un verano forzado. Muero por una de tus charlas, sabias y breves. No es tu cumpleaños, no es aniversario de nada. Da igual. Escribo esto porque me apetece. Y porque a no ser convencional también me lo enseñaste tú. Como casi todo. Qué suerte haberte tenido en mi vida.