Uno, dos, tres, cuatro

Salgo del portal, muy a mi pesar porque es el sitio menos caluroso de todo el edificio. Respiro hondo. Han pasado 22 años desde la última vez que me enfrenté a una tormenta. Al menos de forma voluntaria. Junio de 2000. Y pienso, a veces lo hago, tú puedes. Cae la lluvia, agresiva, torcida, impredecible. Se ilumina el cielo, suena a roto. Resisto, contengo. Puedo. Con esto y con todo. Cojo aire. Uno, dos, tres, cuatro. Luz, ruido. Aguanto. Ropa empapada, gotas por mi cara que, aunque, sean sólo de lluvia, sientan tan bien como las lágrimas que me debo. Uno, dos, tres, cuatro. Luz, ruido. De ruptura, de catarsis, de fin y de principio. Un paso más, un miedo menos.

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