El museo

Entra en el museo por la puerta de atrás. No le apetecen reconocimientos pero fantasea con cómo será su vida a partir de ahora. Es su primera exposición e imagina que Talento desnudo le ha lanzado al estrellato. Cuerpos entrelazados a lo largo y ancho del lienzo. Pasión y entrega, vulnerabilidad y erotismo. Su obra cumbre.

Veinte años atrás comenzó a dibujar en los ratos muertos del ministerio. Un amigo marchante le animó a considerarse bueno. Y allí estaba, enorme y poderosa, su criatura. Dos turistas mirándola. Parecen abrumados. Qué orgullo. De pronto risas. Esa cabeza es más grande que la de nuestro mastín. Más risas. Sale enfurecido a la caza del admirador. Nadie.

Tenía que haber concedido la entrevista a esa cadena local, piensa. Aunque era demasiado pequeña, no estaba a la altura. Su turno comienza en media hora. Ofendido decide irse. Esta vez por la puerta principal.