Embarcando

Hay días mágicos. Días en los que todo encaja y fluye, en los que cada cosa que ocurre supera a la anterior. No hay muchos. Pero existen. El mío fue el 6 de enero. Reunión de amigas, café y abrazos de feliz año.

Y encima de la mesa un regalo de Reyes. Tres sobres. Cada uno con nuestro nombre escrito con una caligrafía impecable que reconozco inmediatamente. Lo abrimos y encontramos un billete de avión a Nueva York. Imposible describir la emoción. ¿A Nueva York? Y lo más importante… ¿Las tres juntas? Tantas veces lo hemos hablado, nunca hemos podido.

Pero así es uno de mis ángeles terrenales. No espera a que las cosas pasen. Las provoca. No espera a que le cuentes cómo estás. Lo sabe sólo con mirar. Siempre conmigo. Igual de rápida para llegar a lo malo que para celebrar lo bueno. Una persona completa, sin fisuras. Diseñada para sumar.

Así que en media hora estaremos volando, dejando nuestras vidas aparcadas por un rato. Exprimiendo la libertad que dan las calles desconocidas y el cambio horario.

Listas para embarcar.

Tenemos ropa para resistir frío bajo cero, plano marcado con rotuladores de colores.

Y lo que tenemos, sobre todo, es mucha ilusión.

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