Blablabla

El edificio es de los que imponen. Su mujer no podrá decirle más que trabaja en una oficinucha de mierda. Vamos allá.

Entrevista de trabajo. Nada emocionante, pero es lo que hay. Se coloca el nudo de la corbata por tercera vez. Se repeina el tupé de futbolista-colaborador de Telecinco y al entrar se encuentra con cuatro guardias uniformados. Se siente importante. Sube en el ascensor. Planta 23, despacho 4J. Buenas, buenas. Manos que se estrechan, análisis fugaz de quién aprieta más y quién la tendrá más grande. Mundo de hombres.

El entrevistador es un comercial de primera, nivel Camera Café. Traje marrón, zapatos marrones cómodos, pelo marrón Just for Men. Una nutria con forma humana y gafas de los setenta. Después de los saludos se sientan. Y silencio. Veinte segundos, un minuto. Carraspea. Más silencio. ¿Será una prueba de resistencia al estrés?

La corbata le aprieta, el calor empieza a agobiarle. Se observan. Pero la nutria parece aburrirse y pasa a mirar fijamente lo que debería ser una aleta y sorprendentemente es un pie. Ya ni siquiera intenta aparentar profesionalidad.

Harto y envalentonado por las ganas de salir de allí decide romper el hielo.
Pues si quiere le cuento un poco en qué he trabajado hasta ahora. Sí, sí, claro. Cuénteme. Interés inexistente. Ahora se mira fijamente un calcetín marrón que debió de ser nuevo hace ya una década. Pues he estado en nananana, y he hecho tucututucutu. Ahora lo que quiero es blablablabla. La nutria, que lleva reloj, mira la hora y resopla. Bueno, menudo incompetente, él ya no puede hacer más. No podrán decir que no lo ha intentado.

Se despide, manos que se estrechan, análisis fugaz de quién aprieta más, etc. En la puerta se choca con un pájaro demasiado elegante que no ve por dónde va. A quién se le ocurre ir leyendo por los pasillos, hombre. Se ríe, no sabe lo que le espera. De menuda se ha librado.

A su espalda, la nutria se levanta de un salto y comprueba aliviada que, aunque se le ha olvidado el CV, el director de RRHH lleva una copia. Por fin le harán la entrevista, Y por fin el tío raro del pelito para arriba se ha ido. Qué manía tiene la gente de contar su vida.

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