Otoñal

Hay fines de semana de calma total y otros en los que un mecanismo se dispara y nos ponemos a remover temas. Como ese día que de repente te da por saber de alguien de quien hace años que no tienes noticias solo por escuchar una canción o por una frase de una película. Yo hoy me he acordado de ti. ¿Por qué hoy? Ni idea. Lo natural hace un tiempo hubiera sido llamarte o que me llamaras. Hace un tiempo, ya no.

Todo está claro, nada ha cambiado. No es posible y punto. Puede ser la lluvia, la falta de sueño, la cercanía del otoño o simplemente que te echo de menos. Por suerte, no estoy en ese momento de provocar situaciones. Solo queda asumir que la historia va así y que yo no puedo hacer nada. Decido escribir algo para entretenerme y no pensar. Pero mis ojos pasan del teclado del ordenador a la pantalla del móvil demasiadas veces, imposible concentrarme.

Pongo un vídeo de yoga y respiro hondo. Mucho mejor. A pesar de torcerme el tobillo y de tirar la botella de agua, inundando parte del salón, durante unos minutos no he pensado. Ni en ti, ni en nada. Entretenerse es bueno, quita importancia a ese pensamiento recurrente, reduce a cenizas lo que parecía un mundo.

Aunque sigue lloviendo, ya ha pasado ese rato de vuelta atrás. Combato con una ducha los últimos resquicios de tontería y me subo a unas sandalias con tacón para salir a cenar. Porque por muy otoñales que estemos el sábado y yo, me puede la ilusión de que aún sigue siendo verano.

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