Me levanto como un resorte. Uno, dos, tres saltitos. Cómo quema la puñetera arena. De cabeza al agua. Uno, dos, tres, respiro. Ningunas ganas de bañarme pero, cuando he visto que se acercaba por la orilla, no se me ha ocurrido otra cosa. Una huida en toda regla. Cuando pase, salgo. No pasa. Me ha …



